lunes, 31 de diciembre de 2012

Yerbaloca, Marzo 2012


(Los créditos de esta foto a Camila)


La primera incursión a Yerbaloca, aparentemente caminamos mucho, entre risas, fotos, vertientes y rocas. Tan sólo veíamos a lo lejos el hielo de la montaña, fuimos por una noche y dos días, fue un grato acercamiento. Recordar esos juegos extraños de la noche, en la carpa de las chicas, inspira mucha simpatía: "oing oing, llamando a Hrrrruuuui Hrrrrrruuuui"

Bienvenida

No se trata el viaje de una ida sin retorno, ni de un simple moverse; tampoco es digno el viaje de que se le llene de un contenido metafísico u ontológico que a veces no le pertenece, o que si le pertenece, al menos no es pertinente prefigurarlo en la palabra, cuando se está ante su imagen. Quizá sólo sea digno del vuelo del búho que debe ir al atardecer... hay que cuidarse de no adelantar el contenido... pues, al igual que todo recipiente, no se le puede crear lleno, asímismo todo viaje se hace en silencio.
A pesar de esta nota aclaratoria, quisiera delimitar dos tipos de viaje, que quizá son los únicos posibles. Los viajes que son hacia y los viajes que son hasta. Los viajes con un objetivo delimitado y los viajes donde viajar es el asunto del viaje, el rumbo puede ser un pre-texto, un con-texto, o lo que sea, la condición de móvil, de mudarse, de no arraigar, quizá sea el sentido del sin-sentido del final del viaje.