No se trata el viaje de una ida sin retorno, ni de un simple moverse; tampoco es digno el viaje de que se le llene de un contenido metafísico u ontológico que a veces no le pertenece, o que si le pertenece, al menos no es pertinente prefigurarlo en la palabra, cuando se está ante su imagen. Quizá sólo sea digno del vuelo del búho que
debe ir al atardecer... hay que cuidarse de no adelantar el contenido... pues, al igual que todo recipiente, no se le puede crear lleno, asímismo todo viaje se hace en silencio.
A pesar de esta nota aclaratoria, quisiera delimitar dos tipos de viaje, que quizá son los únicos posibles. Los viajes que son
hacia y los viajes que son
hasta. Los viajes con un objetivo delimitado y los viajes donde viajar es el asunto del viaje, el rumbo puede ser un pre-texto, un con-texto, o lo que sea, la condición de
móvil, de mudarse, de no arraigar, quizá sea el sentido del sin-sentido del final del viaje.